Comercio exterior
La agroindustria vuelve a demostrar su peso estratégico en las exportaciones argentinas
Durante los primeros cinco meses de 2026, las exportaciones agroindustriales argentinas alcanzaron los USD 22.394 millones, con un crecimiento interanual del 17,5% en valor y del 18,4% en volumen. El resultado muestra una mejora extendida en distintas cadenas productivas y reafirma la capacidad del sector para generar divisas, empleo y actividad económica en todo el territorio nacional.
Entre los complejos con mayor dinamismo aparecen el maíz, el trigo, los lácteos, la pesca, las legumbres, el girasol y otras producciones regionales. Esta diversidad es una de las principales fortalezas de la agroindustria argentina: cada provincia aporta recursos, conocimiento, infraestructura y capacidades productivas específicas.
En el caso del girasol, un informe del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos —USDA— publicado el 10 de julio de 2026 proyectó un crecimiento del 13,4% en la producción mundial, hasta alcanzar las 62,66 millones de toneladas. La información fue analizada y difundida en Argentina por la Asociación Argentina de Girasol —ASAGIR—, que destacó las perspectivas favorables para una cadena con fuerte presencia territorial y capacidad para generar aceites, alimentos, subproductos y exportaciones de mayor valor.
Desde Vaca Viva, estos datos deben ser interpretados más allá del volumen exportado. El verdadero desafío consiste en profundizar la transformación de la producción primaria mediante industria, tecnología, biotecnología, bioenergía y nuevos procesos productivos.
La bioeconomía permite integrar al productor con las pymes, las cooperativas, las universidades, los centros científicos y las plantas industriales. Cuando esa transformación ocurre cerca del lugar donde se origina la materia prima, también se generan empleo, arraigo y nuevas oportunidades para las comunidades.
Argentina necesita exportar más, pero principalmente exportar mejor. Agregar valor en origen y fortalecer las cadenas agroindustriales desde una perspectiva federal constituye una condición central para convertir la capacidad productiva del país en desarrollo sostenible.