2025-11-28

Día Nacional del Mate

Dulce o amargo, esa es la cuestión

En su día, no solo homenajeamos a uno de nuestros máximos referentes identitarios, sino que le declaramos nuestro gran cariño, y la necesidad de tenerlo a diario con nosotros

Levantó el enrojecido rostro, rayado por los repliegues de la tela y húmedo de lágrimas.

Ella lo miraba serena.

- ¿Está triste?, preguntó. 

- Sí.

Luego callaron y un relámpago violeta iluminó los recovecos del patio oscuro. Llovía.

- ¿Quiere que tomemos unos mates?

- Sí.

En silencio preparó el agua. Ella miraba abstraída los cristales donde tamborileaba la lluvia, mientras Erdosain aprontaba la yerba. Luego, sonriendo entre las lágrimas, dijo: – Yo lo cebo a mi modo. Le gustará“.

Fragmento de “Los 7 locos”, de Roberto Arlt.

 

Ya lo sabemos. No es propiedad solamente del argentino, eso es cierto, pero el mate es parte inseparable de nuestra identidad. Tiene peso en nuestra historia y nuestra cultura, con un lugar clave en lo cotidiano como compañía que no puede estar ausente. Quien no toma mate puede ser visto como un bicho raro, porque no es una simple merienda, es un motivo de encuentro y a la vez es introspección. 

Cada uno tiene su propia manera de cebarlo. Todos tenemos nuestro propio equipo y un estricto reglamento certificado sobre los modales de comportamiento para tomarlo. La elección entre palo dulce o de calabaza, la búsqueda de la yerba, el cuidado con el agua para que no hierva, y la terrible decisión si ponerle o no azúcar, son algunas de las definiciones determinantes para cada ronda de mates.

Sin embargo, no es ésto lo más importante. Con quién uno lo toma es lo esencial. Pueden pasar horas de un mate tan lavado que parece revelar un nado sincronizado de palitos, pero si se está acompañado de la persona indicada, se disfruta como si fuera el más espumoso. El pibe se siente grande cuando lo invitan a tomar los primeros amargos con sus padres, aunque la temperatura del agua esté próxima a la de un tereré. Es más, podría decirse que cualquiera se siente con el estómago lleno al disfrutar de unos mates entre eternos amigos, o encuentra la mayor contención con esos verdes de la madrugada cuando se busca consejo de un hermano.

“¿Por qué toman ésto? Encima, con el calor que hace”, me dijo en una oportunidad un amigo centroamericano al que le intentaba explicar en qué consistía la infusión y la ronda para tomarla. Tras ensayar una improvisada exposición sobre el proceso de la yerba mate e indicarle que estaba en nuestra cultura desde los pueblos originarios, intenté reflexionar sobre su contenido social. Sucede que al invitar un mate es como si estuviéramos integrando a la otra persona a nuestro grupo, aceptándolo como igual. Uno se abre al otro con un mate de por medio, sin necesidad de hacer la confesión más profunda, simplemente poniendo en común alguna anécdota o aspiración.

Cuando uno viaja no puede faltar el equipo completo de bombilla, termo y yerbera. En el extranjero los argentinos se juntan para tomar unos bien espumosos y ven como oro a un paquete de yerba. En la pileta con unas galletitas o en una galería refugiado de la lluvia en el campo, junto a unas tortas fritas. Incluso cuando conocés al amor de tu vida, no podés dejar de compartir miles de pavas mientras conocés toda su historia, sus ideas, sus sueños.

Es muy difícil transmitir el sentido del mate a quien no lo vive a diario. ¿Cómo van a entender que la pandemia y la imposibilidad de compartir bombilla fue mucho más dura para nosotros que para cualquier otro que sólo tuvo que mantener distancia? ¿Cómo comprender la sensación de abstinencia de aquél que llega después de un largo viaje o una extensa jornada de trabajo y necesita tomarse una pava mirando la nada? El mate es nuestra tierra, nuestro trabajo, nuestra historia, es parte de lo que somos y lo que nos llena de orgullo ser.

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